lunes, 12 de noviembre de 2012

Recuerda.

Te levantas y ahí está, la que nunca te abandona, quien siempre está ahí. Siempre. Pase lo que pase nunca te abandonará. Hoy se ha levantado con los ojos hincados, alguien debería recordarla que llorar demasiado empieza a ser malo. Sus ojeras están marcadas, últimamente más de la cuenta, un poco de estrés, un poco de falta de sueño, un mucho de no poder descansar... Factores acumulables que consiguen que poco a poco los preciosos ojos vayan diezmando. Aún recuerdo ese brillo, ese brillo al sonreír, ese brillo que todos decían que a otros hacía sonreír. Echo de menos ese brillo en su mirada, en parte es culpa mía, los demás son malos pero yo soy quien más la machaca. Incluso cuando ella intenta animarme la recuerdo que no, que no se puede, que seguirá siendo lo que es, eso no puede cambiarse. Hay días que la dejo que sueñe con que un día puede ser feliz, luego antes de dormir, en el momento que espera recibir un buenas noches que nunca aparece, la obligo a recordar que ella no vive en un cuento de hadas y que como mucho interpretaría el papel de vieja malvada.
Pero hoy es diferente, hoy es especial, los ojos hinchados han desaparecido, no hay razón. Hace tiempo que ella no entiende a razones, a diario la recuerdan que no es tan mala como la pintan pero ella sigue sin creérselo,  hoy en cambio se ha despertado con el mundo a sus pies. Yo no voy a decirla nada solo adelante, llevo mucho tiempo obligandola a fingir una sonrisa y hoy ella sonríe sin más. Hoy no la voy a pedir nada, solo que siga así. 
Esa persona eres tú, si no sonríes es tu culpa, sólo tuya. No dejes que tus ojos se vuelvan a hinchar, tenlos abiertos para disfrutar de la vida, nunca pierdas el brillo en la mirada, nadie sabe si será la luz que te hará soñar. Recuerda, que si tú no te quieres nadie podrá hacerlo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Cartas.

Es una noche fría, llueve, cala hasta dentro. Es otra noche fría, solitaria, nada nuevo. Ella no espera a nadie y él lleva tiempo sin saber lo que es que le esperen. Esa noche, sin un por qué, por casualidad  como casi todo en la vida, ambos deciden salir, no muy lejos, solo a la esquina de abajo. Paraguas en mano, con el abrigo y sin peinar baja ella, él se pone un abrigo gordo, impermeable, olvida el paraguas, "no me vendrá mal un poco de agua en la cara" piensa. De repente se chocan, para ella no es nada, tímida pero obligando a una pequeña sonrisa a salir pide perdón y sigue a delante. Para él todo ha cambiado, ha visto unos ojos que nunca le podrían dejar indiferente, una sonrisa semi invisible que mostraba el intento de ocultar una tristeza acumulada. Él ha visto un ángel, ángel de alas cortadas ya que aún nadie le ha enseñado a volar.
A la mañana siguiente ella se levanta, tan sola como siempre, llega a la puerta y ve una carta. La abre, preguntándose extrañada porque no estaba en el buzón como todas. La carta no dice nada pero para ella lo es todo, un simple "buenos días princesa", no hay nada más. De repente se adentra en un mar de dudas. ¿Quién? ¿Por qué? ¿Seguro que esto era para ella? Ella asume que esa carta no es para ella, se obliga a borrar esa preciosa sonrisa que brilla en su cara, esa que hacia tiempo que no se dejaba ver. Deja la carta sobre la cocina, la mira durante todo el día recelosa de haber sido realmente la destinataria de ese detalle.
Vuelve a amanecer, nada ha cambiado, ¿o sí?, se levanta y encuentra otra carta, al día siguiente hay otra y otra y otra... Cada mañana se levanta ilusionada, esperando puntual la cita con una carta de alguien sin nombre que está firmando su sonrisa. Una mañana, despierta ilusionada, pero no hay nada. "Habrá enfermado", "No habrá podido mandarla" se repetía. Espera todo el día y nada. El día siguiente tampoco hay carta, ¿por qué? ¿qué habrá pasado? No entiende nada, necesita saber quien es él, necesita asegurarse de por quien sonríe. Piensa que quizás todo esto haya sido una broma, un efímero matiz de luz en una vida condenada a las sombras. Tras una semana la ilusión ha desaparecido, pero al despertarse encuentra otra carta. Esta carta es diferente, él pregunta si ha echado de menos las cartas, si ella se ha dado cuenta de eso la pide que vaya a un sitio. Ella está nerviosa pero se muere por hacerlo, necesita hacerlo. Necesita poner cara a la razón por la que sonríe. Tiene miedo, tiene tanto miedo, no espera al chico perfecto pero...¿Y si no es lo que espera? ¿Y si es un loco? ¿Y si es la continuación de esta broma de mal gusto? Lo piensa y asume que no tiene nada que perder, lo tiene todo perdido. Busca el coraje que hace tiempo dio por perdido y se prepara para ir. Llega al café temblorosa asegurándose de que está perfecta, ha avisado a algunas amigas de que está allí promete mandarlas un mensaje cuando el llegue, ellas están preocupadas... Está temblando, nota como las piernas no la responden, se sienta, está acalorada, llena de nervios pero aún así sigue sonriendo, ella misma se da cuenta de que merece la pena haberse arriesgado, echaba de menos su propia sonrisa, ¿triste, verdad? 
Decide sentarse en una mesa a esperar, ha llegado pronto pero no sabe a quien busca, él prometió sentarse a su lado cuando la viera. Está sentada y mira su reloj, piensa que si no aparece no pasará nada pero ella necesitaba asegurarse de que lo había intentado, ella intenta ser feliz, lo  intenta. Hay un chico sentado cerca, se fija, "¡Qué guapo!" piensa. "¡Ojalá fuera él!" se dice. Luego esboza una sonrisa, "¡qué tontería! Un chico como ese fijándose en mi". Vuelve a mirar el reloj llega tarde, ella se plantea levantarse e irse, ¿qué hace ahí?¿El tonto? Hace el amago pero de repente el chico guapo se levanta, se acerca a su mesa, su corazón se acelera. Él pregunta si puede coger servilletas, ella con cara de decepción asiente, ni si quiera habla solo asiente con la cabeza sin apenas mirarle a los ojos. "¡Soy tonta!" repite en su cabeza, pasan minutos aun que a ella la parecen horas, no la gusta esperar, suele llegar tarde pero hoy era especial, estaba tan nerviosa que llevaba demasiado tiempo de sobra para salir de casa. Entra alguien al bar, ella no se da cuenta, está mirando el reloj, el móvil, está tan nerviosa. Alguien la tapa los ojos. Esto era una cita a ciegas, así sigue. Necesita girarse, necesita verle. Le quita las manos de la cara, con delicadeza, parece que tiene miedo de dañarla como quien coge una frágil pieza de coleccionista. Se sienta a su lado. Ella le mira, no se lo puede creer, es demasiado guapo para ella, no dice nada solo le mira. Ella piensa que es la cosa más bonita que existe en la faz de la Tierra. Él le mira con su sonrisa perfecta, unos ojos verdes y una rosa en la mano. Ella sigue sin reaccionar. Él se presenta, ella apenas oye su nombre, no se lo puede creer. La cara de él empieza a cambiar, deja atrás su seguridad, muestra que él tiene tanto miedo como ella. Deja la rosa, la mira. Ella vuelve, una sonrisa gigante inunda su cara, dice su nombre mientras coge la rosa diciendo gracias. Ambos empiezan a hablar pero las cosas están claras.
Él sonríe sabiendo que alguien le espera y ella se muere de ganas por poderle esperar.

viernes, 12 de octubre de 2012

Tiempo

¿Alguna vez os habéis preguntado cuanto dura un minuto? Sesenta segundos, diréis muchos y objetivamente opino lo mismo. Pero, ¿quién no ha sentido que un minuto es eterno? ¿Qué una clase no termina nunca? ¿Quién no ha sentido que un minuto ha durado menos que un segundo? ¿Qué ha pasado mucho tiempo cuando ni siquiera te ha dado tiempo a respirar?
Hoy es uno de esos días en los que te pones a pensar y de repente, sin darte cuenta, llegas a la conclusión de que el tiempo es una mierda. Cuanto más rápido quieres que vaya más despacio va mientras que cuando quieres que no pase, vuela. Hoy me he dado cuenta de que hace ya un año, un año parece poco pero llevo un año que parecen 5 a su lado. Cuando más tiempo paso a su lado más me doy cuenta de que es genial y tras un año parece que nos conocemos de toda la vida, de siempre. Y es ahora cuando recuerdas el día que le conociste o cuando vino y ni siquiera te acordabas de quien era ese niño raro que te hablaba. Son tantos recuerdos en un año, son tantas melancolías...
Muchas veces el tiempo es nuestro enemigo, otras es la forma de continuar nuestro camino.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Tiempo al tiempo.

   Parece que fuera ayer. Realmente ni yo me he dado cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fuera ayer cuando empecé a dudar de ti, cuando me distes razones para no hacerlo y luego "desapareciste" sin más. Ese ayer se hizo largo, te veía pero era como si no estuvieras, tus besos quedaron fríos hasta tal punto que mis labios y los tuyos olvidaron lo bien que estaban juntos... 
    Pero como todo en este mundo, nada dura para siempre ni si quiera el olvido. Y tú volviste, sin pedir perdón, sin pensar si quería o no que volvieras a mi vida. Ese es normalmente el problema, la gente que ha salido de tu vida vuelve a ella, cuando quiere y no les importa si tú quieres o no que lo hagan. Pero esta historia es diferente, todo empezó con una niña ingenua, luego poco a poco esa niña no quería reconocer la verdad pero ahora todo es muy diferente.
    He de reconocer que desde el primer momento tú eras quien tenía el control del juego, sin embargo, ahora esto es un juego para los dos. Esa es la diferencia, todas las niñatas del mundo cuando nos "pillamos" del guapo de turno tenemos el mismo problema, ellos juegan y nosotras nos pensamos que todo es un precioso cuento. Las fases de ese juego son muy claras: tú te ilusionas, él te sonríe, una o dos veces, consiguen lo que quieren y el resto todos lo sabemos, nos quedamos tontamente pilladas, sonriendo frente a un móvil, esperando que nos vuelvan a hacer caso... Yo me cansé de esperar, y como casi todo, cuando menos lo esperas es cuando viene a ti.
    Ahora estamos jugando los dos, la única diferencia es que ahora soy yo quien pone las reglas del juego, ahora soy yo quien marca las pautas, ahora soy yo quien menos quiere y como en cualquier juego quien más quiere más pierde.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Aquí estoy hoy.

Aquí estoy hoy, para no variar, sonriendo a una pantalla como una imbécil. He llegado ese punto al que muchos llaman "cagada" ese punto donde todo tu al rededor se da cuenta de que tu sonrisa tiene un brillo especial. Un brillo que solo puede ser por una razón: alguien te ha ilusionado, quizás no lo haya hecho aposta. Esa persona simplemente te ha sonreído muchas veces... Ese es el problema, ¿alguna vez os habéis parado a pensar que puede llegar a significar tu sonrisa para otra persona? Quizás crees que una sonrisa no significa nada, pero en mi opinión una sonrisa puede cambiarlo todo, no te digo solo de esa persona, yo hablo de  ir andando y que alguien te sonría, sin ningún interés, sin motivo, sonreír para hacer el mundo un poco más amable, para alegrar el día a quién piensa que es imposible hacerlo. Luego están esas sonrisas, las sonrisas lo dicen todo sin palabras, las de complicidad, son esas que salen cuando estás en grupo y tu amigo dice algo con segundas que solo vosotros entendéis. Ahora, ¿qué decir de esa sonrisa estúpida que nos sale cuando recordamos algo que nos hizo felices? Esa es una de mis favoritas principalmente porque viene sin avisar, aparece en tu cara cuando menos te lo esperas, cuando estás en clase "empanado" mirando a no sabes donde y por tu cabeza pasa el recuerdo de alguien, de algo, de un momento de tu vida que te hizo tan feliz que incluso tiempo después te obliga a sonreír. Y creo que el último tipo pero no menos importante es la sonrisa de ilusión (también llamada muchas veces sonrisa de imbécil), se parece a la anterior pero hay una principal diferencia, esta última es INEVITABLE. Es esa sonrisa que por mucho que intentes ponerte serio, no puedes, necesitas sonreír, necesitas decirle al mundo mil cosa que nunca sabremos como expresar con palabras y por eso sonreímos, como explicación a todo, a nada, a un mundo que sin esas sonrisas carecería de sentido. Aquí estoy hoy, para no variar, sonriendo a una pantalla como una imbécil..

jueves, 9 de agosto de 2012

Decepción.

Me levanto. Hoy es un día normal como cualquier otro, supongo. Me pongo a pensar y recuerdo que estoy esperando respuestas pero como todos mis días de verano estoy demasiado ocupada para ponerme a perder el tiempo en simples 'respuestas'. Es un día caluroso, entretenido para variar. En todo el día no he tenido tiempo para pensar, tampoco me ha importado demasiado no hacerlo. Pero ahí, cuando se acaba el ajetreo llega el momento de la respuesta, la busco, impaciente pero me doy cuenta de que no la hay, que simplemente no me ha querido contestar. Piensas que es una pregunta inocente pero al final como muchas otras preguntas seguirán esperando una respuesta. Poco a poco, no sé si con el tiempo o con las decepciones, aprendes que muchas de tus preguntas no tienen respuestas, mejor dicho tienes muchas preguntas que nadie te ha querido responder. Eso es lo malo de ser una adolescente, tienes muchas preguntas y no puedes buscar las respuestas. Siendo sincera no estoy enfadada. Nadie tiene la obligación de responderme. Simplemente siento decepción, no preguntes por qué pero esta vez esperaba que las cosas fueran diferentes, aun que fuera solo un poco. Me encantaría poder sonreír con razones, gritar al mundo, saltar sin miedo a caerme.
  Bueno ya paro de decir tonterías, en realidad, los finales felices solo están en los cuentos, ¿verdad?

lunes, 6 de agosto de 2012

Ella.

¿Alguna vez has aguantado la respiración hasta no poder más? ¿Alguna vez te ha cogido una ola y has salido casi asfixiado? Entonces entenderás esta sensación. La necesidad de aire, ese vacío en el pecho, esa necesidad de llenarlo. ¿Te acuerdas de esa agonía cuando ese aire no entra? Esa vulnerabilidad que se siente al saber que has hecho todo lo posible, que ahora solo puedes esperar...Que no sabes cuando volverá que lo has dejado marchar. Yo siento esa agonía, siento como cada vez tengo menos aire porque tengo que ver como se va y tengo que aguantarme y aunque sea lo mejor que puede hacer, no os imagináis lo que duele. Hoy es seis, hace ya un mes desde la última vez que te he podido abrazar y si crees que eso es mucho no quiero imaginar lo que es esperar otros 4 meses más, ¿has intentado estar 4 minutos sin respirar? Pues entonces entenderás que me alegre de tu oportunidad que quiero que la disfrutes pero tú tienes que entender que no pueda evitar llorar al pensar que no  voy a poder verte sonreír, que me duele como un puñal solo poder oírte por teléfono y no te imaginas lo duro que es oírte decir que necesitas un abrazo cuando no puedo dártelo.
Si no fueras tan importante, si no fueras como eres, si no me sacaras un millón de sonrisas diarias quizás y solo quizás dejaría de llorar.