lunes, 25 de noviembre de 2013

¿Sabéis? Hace mucho que no escribo y simplemente ha sido por no encontrar las palabras adecuadas para expresarme. 
Hay días en los que el mundo va demasiado deprisa. Hay días que pasan como la fugaz gota que recorre el cristal de un coche a 120 km/h por una autopista en busca de una ilusión escapada. Hay días que pasan más rápido de lo que tarda una madre en secar sus lagrimas para seguir pareciendo fuerte. Esos días que tienes la cabeza en ninguna parte y en todos los sitio.  Mucha gente pensará lo que siempre digo "¿Qué problemas tan serios podrá tener una niña pequeña?". El problema de la gente es que con la edad se olvidan de que ellos también pasaron esta época. Quizás el mundo iría mejor si cada uno se diera cuenta que por muy malos que sean los problemas ajenos, a mi no me tocan. Sé que hay gente pasándolo mal de verdad pero...¿No os dais cuenta de aunque el otro lo pase mal tus problemas no desaparecen? Estoy cansada de oír a los "adultos" decir que hay cosas más importantes de las que preocuparse o que ya vendrán problemas peores. ME DA IGUAL.Sé que mis problemas no son los más importantes del mundo pero SÍ de mi mundo. Sé que vendrán cosas peores, está claro. Sé que hay cosas más importantes de las que preocuparme pero cuando lleguen. Dejad que cada adolescente y no  tan adolescente se preocupe de su propio drama, dejad de mitigar cada problema que nos atañe. Dejadnos llorar y dejad que el tiempo nos enseñe que ya no merece la pena llorar por un juguete roto igual que dentro de 10 años no merecerá la pena llorar por suspender un examen.


        Solo te pido que aproveches cada día de tu vida, que aunque los problemas parezcan grandes ahora porque te aseguro que el Everest desde lejos apenas parece un monte, date tiempo y sobretodo no olvides que todo problema tiene solución aunque para ello te tengas que caer un millón de veces.

martes, 21 de mayo de 2013

Nunca te arrepientas.

¿Qué queréis que os diga? ¿Qué la vida del estudiante es bonita? ¿Qué me arrepiento de tanto sufrimiento para que a lo mejor no me de la nota? La palabra arrepentimiento no está en mi vocabulario, arrepentirse no es de sabios, arrepentirse es de necios que cometerán de nuevo esos errores. Yo no me arrepiento, yo aprendo. Todos me dicen que hay mil cosas de las que arrepentirse: de no haber estudiado más, de no haber disfrutado cada minuto... Cada minuto que soy consciente que he derrochado, me hace pensar que voy a aprovechar el siguiente cuanto pueda. Quizás penséis que soy una niñata sin cosas de las que arrepentirse pero con mis años he pasado por cosas que poca gente soportaría, no quiero decir que sea mejor ni peor que nadie simplemente que tengo un ritmo alternativo. Quiero pediros, a todos, incluidos esos que pensáis que un "niñato" nos os puede enseñar nada que recordéis que llorar por lo pasado es malgastar el presente e hipotecar el futuro.
A veces la vida, sea la de un adulto con hipoteca e hijos o la de un adolescente con kilos de apuntes que estudiar, te pone obstáculos. Muchas veces esos obstáculos parecen imposibles y yo no soy de las que dicen eso de "nada es imposible" porque hay miles de cosas que lo son pero la palabra imposible es una etiqueta que tienes que poner tú y para eso necesitas intentarlo. Intentarlo hasta que no puedas más, ¿y si te caes? Te levantas. Un tal Edison dijo una vez "No he fracasado. He encontrado mil formas de no hacer una bombilla", ¿de verdad pretendes encontrar la forma se ser feliz a la primera?
Se que esto parece un sermón pero visto como están las cosas hoy no sabemos si mañana tendremos un futuro pero si no lo tenemos que sea por que nos lo quiten no porque hayamos dejado de luchar por él.
Cuando te caigas y no quieras levantarte, mira al techo y piensa que si hace años alguien se hubiera dado por vencido nada de lo que conocemos existiría.

jueves, 3 de enero de 2013

No quiero decir adiós.

¿Te acuerdas cuando estabas a mi lado? Yo sí. Como si fuera hace un segundo cuando te decía adiós. Tengo que decirlo, no hay nada que odie más que las despedidas, sigo sin entender porque no puedo hacerte sonreír cada segundo pero tengo que aguantar malas caras de gente de mi al rededor. Querido mundo te cambio a tres de estas niñatas por las personas que me hacen falta, se que no funciona así pero me parece injusto. Demasiado. ¿Por qué tengo que seguir negando el saludo a alguien que odio y echar de menos a gente por el whatsapp? A veces no es tan malo echar de menos a alguien, suena paradójico, ¿verdad? Pero, yo creo que a veces necesitamos saber lo muchísimo que echamos de menos a alguien que tenemos siempre a nuestro lado para darnos cuenta de la falta que nos hace que esté ahí. Pero... ¿Si no vuelves? ¿Qué pasaría si ese adiós fuera para siempre? Yo no lo puedo soportar, yo solo he sabido decir esos "Adiós" que solo quieren decir "Hasta luego, hasta pronto, no sé hasta cuando pero nos volveremos a ver".
Sé, de buena tinta, que no estoy preparada para un "Adiós" de verdad, nadie está preparado pero mucho menos cuando ni si quiera has dicho "Adiós" cuando dices "Hasta ahora" pero ese ahora nunca llegará. Hay distancia, demasiada como para obviarla pero a pesar de ello, sea un adiós o un hasta luego yo como niñata que soy esperaré recordando cada vez que te vi reír, que disfruté a tu lado charlando de nada en una conversación que significaba todo. Cada instante que he estado a tu lado, cada instante que tus ojos me miraban, que me acariciabas. No quiero que penséis que esto va por alguien especial... Va por demasiada gente, va por quien cada día pierde la luz de sus ojos y la fuerza con la que aprieta mi mano, va por quien me apoyó y me hizo sonreír a la distancia y estuvo cuando no podía dejar de llorar, va por quien me prometió el cielo y se olvidó de venir a recogerme al infierno, va por quien está ganando fuerza al abrazarme, quien está creciendo, va también por quien solo dije "voy para allá" sin saber que solo podría decir adiós de lejos, va por quien prometí una noche de fiesta y la cancelé con un simple mensaje. Va por tanta gente que apenas sabría deciros, algunos sé que os volveré a ver, a otros no lo tengo tan claro pero solo espero que cuando no os vuelva a ver puedo haberos dicho antes un "Adiós" de esos que dicen "quiero que sepas lo importante que fuiste en mi vida, no importa el tiempo que hayas estado, las huellas del corazón no se hacen con el tiempo sino con las sonrisas que me hayas sacado". 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Quizás hoy no me entiendas, la verdad, es bastante complicado. Bueno más que complicado podría resultar incomprensible. No, no estoy menos preciando la capacidad de entenderlo de nadie que lea esto pero... ¿Serías capaz de imaginar lo que siente alguien a quien acaban de cortar un brazo? Sé que suena exagerado, pero esto es algo que solo entenderás si lo has pasado. Sé que la gente que no lo entiende intenta ayudar pero para mi no hay cosa que más rabia me de que alguien que no sabe nada me diga "Uuuf, te entiendo." Tiene gracia, ¿verdad? Veo a gente quejándose de que no les "quieren" cuando cambian de novio más que de bragas. Todo esto mientras que otros estamos deseando saber los que es eso de que "te quieran". Suena raro, eh. Yo no quiero que me quieran, bueno si como todos, pero en parte no lo quiero porque... No sé lo que es. Sueno muy radical, suelo serlo. Pero me falta algo, realmente no sé el que, es como esa sensación de que olvidas algo pero no tienes muy claro el qué, eso me pasa, siento que me falta algo pero como no sé que es no puedo buscarlo. Necesito alguien que me explique que se siente cuando te levantan todos los días con un "Buenos días mi pequeña". Que se siente cuando te acuestas siendo la última conversación de alguien. Que se siente cuando sabes que alguien hace algo para ti, solo para verte sonreír sin esperar nada. 
Cuanto más intento que me expliquen peor estoy, porque cuando ves a quien lo siente ves sus sonrisas, sus miradas, sus caras de tontos y como no te dan envidia pero... ¿Cómo voy a tener envidia de algo que no he sentido? No tiene sentido. Pero tengo que reconocer que en mi vida hace tiempo que casi nada tiene sentido.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Voleibol.

Quizás hay gente que no lo entienda, quizás mucha gente vea estúpido por qué esto significa tanto para mi. Pero ellos no lo entienden, ellos no se han criado con ello, ellos no saben lo que significa medirse usando la red, saber que te has hecho un poquito más mayor porque ya tocas la red, no saben lo que es despertarse a las 8 para ser la primera en llegar y que a las 10 no te hayas ido y al final seas, como siempre, la última en irse del pabellón. Quizás no entendéis lo que siento por este deporte porque vosotros no sabéis lo que es sentirse orgullosa de tener licencia de arbitro cuando llevas siete años arbitrando, por que no saben lo duro que es impartir un curso de anotadora cuando a ti te faltan tres años para poder serlo... Es extraño, intento recordar un momento de mi vida, y siempre hay alguna refencia al voley. Ha pasado mucho tiempo desde que empecé a jugar, han pasado muchos momentos, he llorado mucho, he reído bastante más pero este año es diferente...
Este año, nadie daba dos duros porque yo siguiera jugando, ni siquiera yo, había tomado una decisión, algo que yo consideraba irrefutable. Pero como siempre fui incapaz de olvidar algo que se ha convertido en mi vida. Este año empezó siendo duro, lesionada, sabiendo que cada movimiento que hacía me jugaba  un poco más la posibilidad de jugar durante el año, a pesar de eso, a cabezonería no me gana nadie, y poquito a poco las cosas mejoran, aun que suponga ir empastillá todo el día. 
Realmente este año es diferente, y me he dado cuenta este partido. La temporada no ha empezado bien, no hemos sido nosotras, no hemos demostrado lo que sabemos. Este año ha empezado con problemas porque en los partidos nos olvidábamos de lo que hacíamos, y en vez de apoyarnos nos reprochábamos cosas, pero hoy, hoy ha sido diferente. Hoy he podido salir del pabellón, tras una derrota, con la cabeza bien alta y muy orgullosa de mi equipo. Por que hoy ellas han demostrado, no solo a la grada sino a mi, que tengo el honor de compartir pista con un grandísimo equipo. Hoy hemos jugado como sabemos, hoy nos hemos apoyado unas a otras y ¿sabéis por qué? Porque no teníamos nada que perder, por eso no ha habido malas caras, solo sonrisas.Hoy he visto como cuando una fallaba las demás se acercaban a levantarla, he visto como cuando nos pinchaban una bola imposible me gritaban pidiéndome la siguiente para hacer ellas lo mismo, he visto como corrían para salvar todas las bolas, como esperaban abajo el mejor de los zambombazos para sacarlo por mucho que picara, hoy he podido ver a 11 magnificas jugadoras y compañeras demostrar todo lo trabajado, y quiero que sepáis lo orgullosa que me siento de pertenecer a este equipo. Que al fin y al cabo lleva trabajo desde arriba, que ha sido nuestro entrenador quien no ha dado caña para conseguirlo, que por muchas agujetas que nos acuse, es una de las razones por las que este año ir a entrenar merece la pena, porque está luchando por nosotras, porque está confiando en este equipo y porque sin él este año no sería el mismo. También quiero que entendáis que esto es parte de mi vida, y que vosotras sois quien le da sentido.
Gracias por intentar superaros cada día. Guada ¡SEHOL!

lunes, 12 de noviembre de 2012

Recuerda.

Te levantas y ahí está, la que nunca te abandona, quien siempre está ahí. Siempre. Pase lo que pase nunca te abandonará. Hoy se ha levantado con los ojos hincados, alguien debería recordarla que llorar demasiado empieza a ser malo. Sus ojeras están marcadas, últimamente más de la cuenta, un poco de estrés, un poco de falta de sueño, un mucho de no poder descansar... Factores acumulables que consiguen que poco a poco los preciosos ojos vayan diezmando. Aún recuerdo ese brillo, ese brillo al sonreír, ese brillo que todos decían que a otros hacía sonreír. Echo de menos ese brillo en su mirada, en parte es culpa mía, los demás son malos pero yo soy quien más la machaca. Incluso cuando ella intenta animarme la recuerdo que no, que no se puede, que seguirá siendo lo que es, eso no puede cambiarse. Hay días que la dejo que sueñe con que un día puede ser feliz, luego antes de dormir, en el momento que espera recibir un buenas noches que nunca aparece, la obligo a recordar que ella no vive en un cuento de hadas y que como mucho interpretaría el papel de vieja malvada.
Pero hoy es diferente, hoy es especial, los ojos hinchados han desaparecido, no hay razón. Hace tiempo que ella no entiende a razones, a diario la recuerdan que no es tan mala como la pintan pero ella sigue sin creérselo,  hoy en cambio se ha despertado con el mundo a sus pies. Yo no voy a decirla nada solo adelante, llevo mucho tiempo obligandola a fingir una sonrisa y hoy ella sonríe sin más. Hoy no la voy a pedir nada, solo que siga así. 
Esa persona eres tú, si no sonríes es tu culpa, sólo tuya. No dejes que tus ojos se vuelvan a hinchar, tenlos abiertos para disfrutar de la vida, nunca pierdas el brillo en la mirada, nadie sabe si será la luz que te hará soñar. Recuerda, que si tú no te quieres nadie podrá hacerlo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Cartas.

Es una noche fría, llueve, cala hasta dentro. Es otra noche fría, solitaria, nada nuevo. Ella no espera a nadie y él lleva tiempo sin saber lo que es que le esperen. Esa noche, sin un por qué, por casualidad  como casi todo en la vida, ambos deciden salir, no muy lejos, solo a la esquina de abajo. Paraguas en mano, con el abrigo y sin peinar baja ella, él se pone un abrigo gordo, impermeable, olvida el paraguas, "no me vendrá mal un poco de agua en la cara" piensa. De repente se chocan, para ella no es nada, tímida pero obligando a una pequeña sonrisa a salir pide perdón y sigue a delante. Para él todo ha cambiado, ha visto unos ojos que nunca le podrían dejar indiferente, una sonrisa semi invisible que mostraba el intento de ocultar una tristeza acumulada. Él ha visto un ángel, ángel de alas cortadas ya que aún nadie le ha enseñado a volar.
A la mañana siguiente ella se levanta, tan sola como siempre, llega a la puerta y ve una carta. La abre, preguntándose extrañada porque no estaba en el buzón como todas. La carta no dice nada pero para ella lo es todo, un simple "buenos días princesa", no hay nada más. De repente se adentra en un mar de dudas. ¿Quién? ¿Por qué? ¿Seguro que esto era para ella? Ella asume que esa carta no es para ella, se obliga a borrar esa preciosa sonrisa que brilla en su cara, esa que hacia tiempo que no se dejaba ver. Deja la carta sobre la cocina, la mira durante todo el día recelosa de haber sido realmente la destinataria de ese detalle.
Vuelve a amanecer, nada ha cambiado, ¿o sí?, se levanta y encuentra otra carta, al día siguiente hay otra y otra y otra... Cada mañana se levanta ilusionada, esperando puntual la cita con una carta de alguien sin nombre que está firmando su sonrisa. Una mañana, despierta ilusionada, pero no hay nada. "Habrá enfermado", "No habrá podido mandarla" se repetía. Espera todo el día y nada. El día siguiente tampoco hay carta, ¿por qué? ¿qué habrá pasado? No entiende nada, necesita saber quien es él, necesita asegurarse de por quien sonríe. Piensa que quizás todo esto haya sido una broma, un efímero matiz de luz en una vida condenada a las sombras. Tras una semana la ilusión ha desaparecido, pero al despertarse encuentra otra carta. Esta carta es diferente, él pregunta si ha echado de menos las cartas, si ella se ha dado cuenta de eso la pide que vaya a un sitio. Ella está nerviosa pero se muere por hacerlo, necesita hacerlo. Necesita poner cara a la razón por la que sonríe. Tiene miedo, tiene tanto miedo, no espera al chico perfecto pero...¿Y si no es lo que espera? ¿Y si es un loco? ¿Y si es la continuación de esta broma de mal gusto? Lo piensa y asume que no tiene nada que perder, lo tiene todo perdido. Busca el coraje que hace tiempo dio por perdido y se prepara para ir. Llega al café temblorosa asegurándose de que está perfecta, ha avisado a algunas amigas de que está allí promete mandarlas un mensaje cuando el llegue, ellas están preocupadas... Está temblando, nota como las piernas no la responden, se sienta, está acalorada, llena de nervios pero aún así sigue sonriendo, ella misma se da cuenta de que merece la pena haberse arriesgado, echaba de menos su propia sonrisa, ¿triste, verdad? 
Decide sentarse en una mesa a esperar, ha llegado pronto pero no sabe a quien busca, él prometió sentarse a su lado cuando la viera. Está sentada y mira su reloj, piensa que si no aparece no pasará nada pero ella necesitaba asegurarse de que lo había intentado, ella intenta ser feliz, lo  intenta. Hay un chico sentado cerca, se fija, "¡Qué guapo!" piensa. "¡Ojalá fuera él!" se dice. Luego esboza una sonrisa, "¡qué tontería! Un chico como ese fijándose en mi". Vuelve a mirar el reloj llega tarde, ella se plantea levantarse e irse, ¿qué hace ahí?¿El tonto? Hace el amago pero de repente el chico guapo se levanta, se acerca a su mesa, su corazón se acelera. Él pregunta si puede coger servilletas, ella con cara de decepción asiente, ni si quiera habla solo asiente con la cabeza sin apenas mirarle a los ojos. "¡Soy tonta!" repite en su cabeza, pasan minutos aun que a ella la parecen horas, no la gusta esperar, suele llegar tarde pero hoy era especial, estaba tan nerviosa que llevaba demasiado tiempo de sobra para salir de casa. Entra alguien al bar, ella no se da cuenta, está mirando el reloj, el móvil, está tan nerviosa. Alguien la tapa los ojos. Esto era una cita a ciegas, así sigue. Necesita girarse, necesita verle. Le quita las manos de la cara, con delicadeza, parece que tiene miedo de dañarla como quien coge una frágil pieza de coleccionista. Se sienta a su lado. Ella le mira, no se lo puede creer, es demasiado guapo para ella, no dice nada solo le mira. Ella piensa que es la cosa más bonita que existe en la faz de la Tierra. Él le mira con su sonrisa perfecta, unos ojos verdes y una rosa en la mano. Ella sigue sin reaccionar. Él se presenta, ella apenas oye su nombre, no se lo puede creer. La cara de él empieza a cambiar, deja atrás su seguridad, muestra que él tiene tanto miedo como ella. Deja la rosa, la mira. Ella vuelve, una sonrisa gigante inunda su cara, dice su nombre mientras coge la rosa diciendo gracias. Ambos empiezan a hablar pero las cosas están claras.
Él sonríe sabiendo que alguien le espera y ella se muere de ganas por poderle esperar.