No suelo decir cosas con sentido porque simplemente estoy en busca del sentido de la vida. No te tomes la vida muy en serio al fin y al cabo no vas a salir vivo de ella así que recuerda cada momento es único, ¡disfrútalo!
lunes, 25 de noviembre de 2013
martes, 21 de mayo de 2013
Nunca te arrepientas.
¿Qué queréis que os diga? ¿Qué la vida del estudiante es bonita? ¿Qué me arrepiento de tanto sufrimiento para que a lo mejor no me de la nota? La palabra arrepentimiento no está en mi vocabulario, arrepentirse no es de sabios, arrepentirse es de necios que cometerán de nuevo esos errores. Yo no me arrepiento, yo aprendo. Todos me dicen que hay mil cosas de las que arrepentirse: de no haber estudiado más, de no haber disfrutado cada minuto... Cada minuto que soy consciente que he derrochado, me hace pensar que voy a aprovechar el siguiente cuanto pueda. Quizás penséis que soy una niñata sin cosas de las que arrepentirse pero con mis años he pasado por cosas que poca gente soportaría, no quiero decir que sea mejor ni peor que nadie simplemente que tengo un ritmo alternativo. Quiero pediros, a todos, incluidos esos que pensáis que un "niñato" nos os puede enseñar nada que recordéis que llorar por lo pasado es malgastar el presente e hipotecar el futuro.
A veces la vida, sea la de un adulto con hipoteca e hijos o la de un adolescente con kilos de apuntes que estudiar, te pone obstáculos. Muchas veces esos obstáculos parecen imposibles y yo no soy de las que dicen eso de "nada es imposible" porque hay miles de cosas que lo son pero la palabra imposible es una etiqueta que tienes que poner tú y para eso necesitas intentarlo. Intentarlo hasta que no puedas más, ¿y si te caes? Te levantas. Un tal Edison dijo una vez "No he fracasado. He encontrado mil formas de no hacer una bombilla", ¿de verdad pretendes encontrar la forma se ser feliz a la primera?
Se que esto parece un sermón pero visto como están las cosas hoy no sabemos si mañana tendremos un futuro pero si no lo tenemos que sea por que nos lo quiten no porque hayamos dejado de luchar por él.
Cuando te caigas y no quieras levantarte, mira al techo y piensa que si hace años alguien se hubiera dado por vencido nada de lo que conocemos existiría.
jueves, 3 de enero de 2013
No quiero decir adiós.
Sé, de buena tinta, que no estoy preparada para un "Adiós" de verdad, nadie está preparado pero mucho menos cuando ni si quiera has dicho "Adiós" cuando dices "Hasta ahora" pero ese ahora nunca llegará. Hay distancia, demasiada como para obviarla pero a pesar de ello, sea un adiós o un hasta luego yo como niñata que soy esperaré recordando cada vez que te vi reír, que disfruté a tu lado charlando de nada en una conversación que significaba todo. Cada instante que he estado a tu lado, cada instante que tus ojos me miraban, que me acariciabas. No quiero que penséis que esto va por alguien especial... Va por demasiada gente, va por quien cada día pierde la luz de sus ojos y la fuerza con la que aprieta mi mano, va por quien me apoyó y me hizo sonreír a la distancia y estuvo cuando no podía dejar de llorar, va por quien me prometió el cielo y se olvidó de venir a recogerme al infierno, va por quien está ganando fuerza al abrazarme, quien está creciendo, va también por quien solo dije "voy para allá" sin saber que solo podría decir adiós de lejos, va por quien prometí una noche de fiesta y la cancelé con un simple mensaje. Va por tanta gente que apenas sabría deciros, algunos sé que os volveré a ver, a otros no lo tengo tan claro pero solo espero que cuando no os vuelva a ver puedo haberos dicho antes un "Adiós" de esos que dicen "quiero que sepas lo importante que fuiste en mi vida, no importa el tiempo que hayas estado, las huellas del corazón no se hacen con el tiempo sino con las sonrisas que me hayas sacado".
domingo, 23 de diciembre de 2012
domingo, 2 de diciembre de 2012
Voleibol.
Este año, nadie daba dos duros porque yo siguiera jugando, ni siquiera yo, había tomado una decisión, algo que yo consideraba irrefutable. Pero como siempre fui incapaz de olvidar algo que se ha convertido en mi vida. Este año empezó siendo duro, lesionada, sabiendo que cada movimiento que hacía me jugaba un poco más la posibilidad de jugar durante el año, a pesar de eso, a cabezonería no me gana nadie, y poquito a poco las cosas mejoran, aun que suponga ir empastillá todo el día.
Realmente este año es diferente, y me he dado cuenta este partido. La temporada no ha empezado bien, no hemos sido nosotras, no hemos demostrado lo que sabemos. Este año ha empezado con problemas porque en los partidos nos olvidábamos de lo que hacíamos, y en vez de apoyarnos nos reprochábamos cosas, pero hoy, hoy ha sido diferente. Hoy he podido salir del pabellón, tras una derrota, con la cabeza bien alta y muy orgullosa de mi equipo. Por que hoy ellas han demostrado, no solo a la grada sino a mi, que tengo el honor de compartir pista con un grandísimo equipo. Hoy hemos jugado como sabemos, hoy nos hemos apoyado unas a otras y ¿sabéis por qué? Porque no teníamos nada que perder, por eso no ha habido malas caras, solo sonrisas.Hoy he visto como cuando una fallaba las demás se acercaban a levantarla, he visto como cuando nos pinchaban una bola imposible me gritaban pidiéndome la siguiente para hacer ellas lo mismo, he visto como corrían para salvar todas las bolas, como esperaban abajo el mejor de los zambombazos para sacarlo por mucho que picara, hoy he podido ver a 11 magnificas jugadoras y compañeras demostrar todo lo trabajado, y quiero que sepáis lo orgullosa que me siento de pertenecer a este equipo. Que al fin y al cabo lleva trabajo desde arriba, que ha sido nuestro entrenador quien no ha dado caña para conseguirlo, que por muchas agujetas que nos acuse, es una de las razones por las que este año ir a entrenar merece la pena, porque está luchando por nosotras, porque está confiando en este equipo y porque sin él este año no sería el mismo. También quiero que entendáis que esto es parte de mi vida, y que vosotras sois quien le da sentido.
Gracias por intentar superaros cada día. Guada ¡SEHOL!
lunes, 12 de noviembre de 2012
Recuerda.
domingo, 14 de octubre de 2012
Cartas.
A la mañana siguiente ella se levanta, tan sola como siempre, llega a la puerta y ve una carta. La abre, preguntándose extrañada porque no estaba en el buzón como todas. La carta no dice nada pero para ella lo es todo, un simple "buenos días princesa", no hay nada más. De repente se adentra en un mar de dudas. ¿Quién? ¿Por qué? ¿Seguro que esto era para ella? Ella asume que esa carta no es para ella, se obliga a borrar esa preciosa sonrisa que brilla en su cara, esa que hacia tiempo que no se dejaba ver. Deja la carta sobre la cocina, la mira durante todo el día recelosa de haber sido realmente la destinataria de ese detalle.
Vuelve a amanecer, nada ha cambiado, ¿o sí?, se levanta y encuentra otra carta, al día siguiente hay otra y otra y otra... Cada mañana se levanta ilusionada, esperando puntual la cita con una carta de alguien sin nombre que está firmando su sonrisa. Una mañana, despierta ilusionada, pero no hay nada. "Habrá enfermado", "No habrá podido mandarla" se repetía. Espera todo el día y nada. El día siguiente tampoco hay carta, ¿por qué? ¿qué habrá pasado? No entiende nada, necesita saber quien es él, necesita asegurarse de por quien sonríe. Piensa que quizás todo esto haya sido una broma, un efímero matiz de luz en una vida condenada a las sombras. Tras una semana la ilusión ha desaparecido, pero al despertarse encuentra otra carta. Esta carta es diferente, él pregunta si ha echado de menos las cartas, si ella se ha dado cuenta de eso la pide que vaya a un sitio. Ella está nerviosa pero se muere por hacerlo, necesita hacerlo. Necesita poner cara a la razón por la que sonríe. Tiene miedo, tiene tanto miedo, no espera al chico perfecto pero...¿Y si no es lo que espera? ¿Y si es un loco? ¿Y si es la continuación de esta broma de mal gusto? Lo piensa y asume que no tiene nada que perder, lo tiene todo perdido. Busca el coraje que hace tiempo dio por perdido y se prepara para ir. Llega al café temblorosa asegurándose de que está perfecta, ha avisado a algunas amigas de que está allí promete mandarlas un mensaje cuando el llegue, ellas están preocupadas... Está temblando, nota como las piernas no la responden, se sienta, está acalorada, llena de nervios pero aún así sigue sonriendo, ella misma se da cuenta de que merece la pena haberse arriesgado, echaba de menos su propia sonrisa, ¿triste, verdad?
Decide sentarse en una mesa a esperar, ha llegado pronto pero no sabe a quien busca, él prometió sentarse a su lado cuando la viera. Está sentada y mira su reloj, piensa que si no aparece no pasará nada pero ella necesitaba asegurarse de que lo había intentado, ella intenta ser feliz, lo intenta. Hay un chico sentado cerca, se fija, "¡Qué guapo!" piensa. "¡Ojalá fuera él!" se dice. Luego esboza una sonrisa, "¡qué tontería! Un chico como ese fijándose en mi". Vuelve a mirar el reloj llega tarde, ella se plantea levantarse e irse, ¿qué hace ahí?¿El tonto? Hace el amago pero de repente el chico guapo se levanta, se acerca a su mesa, su corazón se acelera. Él pregunta si puede coger servilletas, ella con cara de decepción asiente, ni si quiera habla solo asiente con la cabeza sin apenas mirarle a los ojos. "¡Soy tonta!" repite en su cabeza, pasan minutos aun que a ella la parecen horas, no la gusta esperar, suele llegar tarde pero hoy era especial, estaba tan nerviosa que llevaba demasiado tiempo de sobra para salir de casa. Entra alguien al bar, ella no se da cuenta, está mirando el reloj, el móvil, está tan nerviosa. Alguien la tapa los ojos. Esto era una cita a ciegas, así sigue. Necesita girarse, necesita verle. Le quita las manos de la cara, con delicadeza, parece que tiene miedo de dañarla como quien coge una frágil pieza de coleccionista. Se sienta a su lado. Ella le mira, no se lo puede creer, es demasiado guapo para ella, no dice nada solo le mira. Ella piensa que es la cosa más bonita que existe en la faz de la Tierra. Él le mira con su sonrisa perfecta, unos ojos verdes y una rosa en la mano. Ella sigue sin reaccionar. Él se presenta, ella apenas oye su nombre, no se lo puede creer. La cara de él empieza a cambiar, deja atrás su seguridad, muestra que él tiene tanto miedo como ella. Deja la rosa, la mira. Ella vuelve, una sonrisa gigante inunda su cara, dice su nombre mientras coge la rosa diciendo gracias. Ambos empiezan a hablar pero las cosas están claras.
Él sonríe sabiendo que alguien le espera y ella se muere de ganas por poderle esperar.